A vueltas con Odebrecht y la banca de la ‘trumfa’

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Por Pedro ALBA

Nunca antes del llamado ‘caso BPA’ había leído, había oído, públicamente, tantos nombres y apellidos de clientes de bancos andorranos. Durante estos dos años y medio se ha producido, a mi parecer, la mayor revelación de secretos bancarios de la historia. ¿Se pondrá la Justicia andorrana a investigar dichas revelaciones? La respuesta evidente es que no, pues se llegaría a la conclusión que el mayor revelador de secretos bancarios es la propia Justicia del Principado. Lo escribo a colación de las últimas supuestas informaciones en relación con el ‘caso Odebrecht’. Y vendrán más, muchas más. Se ha llegado al extremo de convertir en noticia que fulano tuviera una cuenta en Andorra o zutano hubiese abierto un depósito en BPA.

¿Cuantos fulanos han tenido y tienen cuentas en el Principado? ¿Cuantos Galeotes, Juan Carlos, Pujols, Fernández Robleda han pasado por bancos andorranos? Puestos a decir, puede que lo mejor sea que los digamos todos. La imagen que está dando Andorra al mundo es penosa y ni que decir tiene que la plaza financiera, como tal, como ‘pool internacional bancario’, ya no existe. La aberración instrumentalizada desde las propias instituciones, políticas, financieras y judiciales, del país por querer criminalizar un banco lo único que ha llevado, de facto, es a la muerte de todos ellos. La confianza en el sistema financiero andorrano es nula. La salida de capitales, inmensa. ¿Puede aún el gobierno del Principado o cualquier interlocutor supuestamente avezado pretender defender que la plaza financiera es internacionalmente sólida cuando vemos aparecer nombres y más nombres de clientes? ¿De verdad que se piensan que habrá inversores que tienen ganas de ir, de venir, a Andorra y exponerse que cualquier día su nombre puede aparecer en la portada de cualquier periódico por el simple hecho de instalarse en un sitio y no hacerlo en otro? Sinceramente, es de memos creer que Andorra aún es alguien y aún va a alguna parte.

Pero volvamos al ‘caso Odebrecht’ y al serial que, por entregas, se está viviendo estos últimos días. Curiosamente lo protagoniza un periodista amigote de una vicepresidenta de un gobierno, el español, que si por algo pasará a la historia será por el atropello de derechos fundamentales a cualquier nivel que ha protagonizado y protagoniza. ¿Puede que en Madrid -y a lo mejor hasta en la calle Prat de la Creu de Andorra la Vella- haya aún o haya habido hace pocos días nervios por la posibilidad que aparezcan pruebas decisivas de ese atropello que, por ejemplo en este caso, se llevó por delante a BPA? Que dicho banco murió para poder acceder a él y poder hallar lo que no se ha encontrado -léase las montañas de dinero de los Pujol- es tan evidente como que el fiscal general de Andorra y la instructora judicial del ‘caso BPA’ se han paseado por Panamá, por Madrid, con montañas, esas sí, de documentos que en lugar de proteger como deberían han repartido como si fueran cartas a los Reyes Magos.

Todo es un montaje, un espurio intento de justificar lo injustificable, de construir, de prefabricar una causa como si prefabricó una nota asesina, la del FinCEN. Pensada en Madrid, bendecida por acción u omisión en Andorra y ejecutada en Estados Unidos. Y ante el miedo que aparezcan aquellas pruebas, que me consta que las hay, que avalan dicho guión, se recorre a la fábrica de las mentiras, a los amigos, a los periódicos afines o que necesitan una inyección económica para seguir viviendo. Y se convierte en noticia que fulano o zutano son clientes de aquí o de allá. Parece como si BPA fuera el banco que manejaba los supuestos delirios de soborno de Odebrecht. Como si Citibank Nueva York, Credicorp Bank Panama, Commerzbank Viena, Julius Bar Monaco no hubiesen operado nunca con la constructora brasileña.

Que nadie se engañe, Odebrecht y sus sociedades no consolidadas -aquello que suena tan mal cuando se les denomina sociedades B- eran en su día un atractivo para cualquier banco. Medio mundo financiero se pegaba con el otro medio mundo para tener a dicho grupo empresarial en la cartera de clientes. E igual que BPA trabajó con Odebrecht -habría recibido el 1% del montante movido por la constructora en bancos internacionales- lo hicieron, también, y apunten bien porque de ello no van a saber nada más HSBC en Ginebra, Credit Agricole Suiza, Lombard Odier Ginebra, Jaco Safra Zurich, Julius Bar en Ginebra o PKB de Lugano. ¿Se imaginan la Justicia suiza repartiendo papelitos por aquí y por allí? No, ni lo ha hecho ni lo hará, que por eso los fiscales panameños, pongamos por caso, hacen el café en la avenida Tarragona de Andorra la Vella y no lo hacen ni en Zurich ni en Ginebra. Porque en Suiza no explican sus miserias. Porque en Suiza protegen lo suyo y alejan lo alieno.

Pero Andorra es diferente: todo vale, y todo pasa. Y lo que está pasando es que los que deberían ser los garantes de la discreción y la rectitud se han convertido en los primeros bocazas y en los últimos reductos de lo que fue una notable -en su justa dimensión, claro- plaza financiera internacional. La macrobanca andorrana ha muerto. ¡Que viva la banca de la ‘trumfa’! No es que no vendrá nunca más a invertir en el Principado una empresa como Odebrecht. Es que cualquier inversor serio se está yendo por patas. Andorra no interesa, Andorra es un país de broma.

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