Las nefastas elecciones

Las nefastas elecciones

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Me asombra la ligereza con que se habla de repetir las elecciones generales. Me indigna la indolencia de quienes están en la pomada y consideran inevitable ese nuevo adelanto electoral como si no tuviera consecuencias negativas, consecuencias inasumibles.

 

La primera y más importante es que la ciudadanía española votó el 20 de diciembre de una determinada forma y, por complejo que sea el resultado, la obligación de todos es aceptarlo, entender el mensaje, y esforzarse en negociar fórmulas que permitan la gobernabilidad del país.

Lo segundo y no menos trascendente es que, en las actuales circunstancias, España no puede permitirse el lujo de tirarse seis meses con un gobierno en funciones y mantener la vacilación sobre su futuro político. No puede porque, además de proyectar ante el mundo la penosa imagen de un país incapaz de consensuar nada y que no sabe para dónde tirar, pone en serio peligro la marcha de la economía.

Nada espanta tanto a los inversores como la incertidumbre. Cuando alguien arriesga su dinero en un negocio quiere saber antes el terreno que pisa y mientras tanto no pone un euro. A pesar de la solidez con que el gobierno de Rajoy ha pintado la recuperación económica lo cierto es que está pillada con alfileres y una prolongada contracción puede dar al traste con esa trayectoria ascendente en un momento crítico. Es sencillamente temerario que sometamos la economía nacional al vapuleo de los tabloides financieros de todo el mundo y les regalemos la munición a nuestros competidores internacionales.

Empieza resultar cansino tener que recordarlo cada dos por tres pero en política se está para resolver los problemas del país y hacer cada día mejor la vida de la gente no para crearles mayores dificultades. Ni los intereses de los partidos ni los de las personas pueden estar por delante de los intereses de la gente. En la actual situación el adelanto electoral no solo iría en contra de esta máxima sino que tendría consecuencias funestas para casi todos los partidos que ahora tienen en su mano el evitarlo.

Pocos son los analistas y sociólogos que dudan que el mayor perjudicado sería el PSOE formación que en una segunda vuelta se encontraría con un fortalecido Podemos quienes al contrario que la familia socialista celebraron públicamente los resultados del 20 de Diciembre como un gran triunfo y el preludio de una victoria aún mayor.

Así sería gracias al desencanto de quienes votaron al PSOE y le vieron desangrarse en una lucha intestina cargada de inquinas personales justo en el momento en que su posición en el tablero político, a pesar de los malos resultados, le otorgaba la capacidad de decidir el futuro de España. Fuera quien fuera el candidato ese episodio sería difícil de reparar.

A la cosecha que Podemos obtendría en los arrasados campos socialistas se uniría la que lograría de quienes votaron a IU. Cientos de miles de electorales que no querrán tirar otra vez su papeleta para dos únicos escaños en que la ley electoral dejó reducida la recolección del grupo encabezado por Alberto Garzón el 20D. Da igual que cambien de nombre y apellido en unos comicios de primavera estarían muertos.

Todos los vientos le serían favorables a la formación de Pablo Iglesias incluidos los provenientes de Cataluña. La negativa de la CUP de apoyar la investidura de Mas presenta como casi inevitable la repetición de las elecciones autonómicas.

Un escenario que sitúa a la emergente Ada Colau en posición de ganadora potencial de unos comicios a los que con toda probabilidad presentaría su candidatura a presidir la Generalitat. Toda una pesadilla para ERC, que unió su destino a los del agónico Artur Mas y para la propia CUP, quien después de la opereta participativa y asamblearia verá volar sus votos hacia una fuerza que al menos sabe tomar decisiones.

Si tal pronóstico se cumple, la victoria de Podemos en Cataluña en marzo sería el mejor de los preludios para unas hipotéticas generales en mayo.

Esos comicios de segunda vuelta a buen seguro favorecerían también al PP a costa de Ciudadanos. Pero resulta impensable que tal beneficio alcanzara la aritmética suficiente para gobernar. Por el contrario tendría enfrente a un poderoso Podemos muy por encima de un debilitado PSOE y a unos nacionalistas también tocados y dispuestos a entenderse con quienes defienden el derecho de autodeterminación. Esta es la tormenta perfecta que sus principales damnificados, PP, PSOE y Ciudadanos, están aún en condiciones de evitar.

Agotados los obligados intentos de investidura que se vislumbran imposibles habría de trabajar la imaginación. Un posible acuerdo a tres bandas por un periodo de dos años que contemple por ejemplo la reforma de la Constitución, el retoque a la reforma laboral y un paquete de medidas sociales permitirían al PSOE presentar resultados y salvar las cara ante su electorado. Un acuerdo generoso por todas las partes y en el que no deberían estorbar los personalismos ni las personas.

Si son capaces de lograr algo así no solo sacarán al país de un peligroso atolladero también se habrán salvado a sí mismos. Porque repetir las elecciones en mayo sería nefasto.

 

Origen: http://ecodiario.eleconomista.es/elecciones-2015-20D/noticias/7256677/01/16/Las-nefastas-elecciones.html

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